Presta atención a las señales

Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados; yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana.
Mateo 11:28–30
Reflexionemos juntos
Muchas veces me descubro agotada
y, cuando me detengo a mirar con honestidad,
no es solo por el cansancio físico,
sino porque estoy cargando cosas
que no me corresponden.
El cansancio no siempre es falta de fe.
A veces es el resultado de un corazón lleno de servicio,
de amor y de misericordia,
pero no necesariamente de dependencia.
Incluso el servicio puede convertirse
en una forma sutil de control:
hacer más, cargar más, resolver más,
como si todo dependiera de nosotros.
A veces el cansancio es una señal clara:
has cargado más de lo que Dios te pidió.
Jesús no nos llama a esforzarnos más,
ni a demostrar más compromiso.
Nos llama a venir a Él.
A aprender de su mansedumbre,
a someternos a su dirección,
a caminar bajo un yugo que no aplasta.
Preguntémonos juntos
¿Qué carga no me pediste llevar, Señor?
Oremos juntos
“Señor, perdóname cuando he querido resolverlo todo
desde mis propias fuerzas
y no me detuve a escucharte ni a dejarte actuar.
Enséñame a descansar en Ti
y a llevar tu carga, no las mías.
Gracias por ser mi soporte, mi fuerza
y mi bálsamo en medio del agotamiento,
el dolor y mis errores.”
Deja un comentario