Estabilidad en Dios, no en las circunstancias

“Permanezcan en mí y yo permaneceré en ustedes…
separados de mí no pueden ustedes hacer nada.”
Juan 15:4–5
Reflexionemos juntos
Permanecer no es quedarse quieto.
Es seguir conectado mientras todo cambia.
Permanecer no es un acto de fuerza humana,
es el fruto de la unión con Cristo.
No somos ramas que se sostienen solas;
vivimos porque la vida de la vid fluye en nosotros.
La fe no promete vientos suaves.
Promete raíces profundas.
Raíces que no evitan el movimiento,
pero sí impiden que seamos arrancados.
Permanecer es resistir la tentación
de buscar estabilidad en lo inmediato,
en lo visible,
en lo controlable.
Es elegir quedarnos pegaditos a Cristo
cuando todo alrededor se sacude,
se incendia o se congela,
confiando en que Él sostiene la vida
aun cuando la lluvia y el fruto todavía no se ven.
Preguntémonos juntos
¿En qué cosa estoy intentando afirmarme
que no es Dios
para sentir seguridad?
Oremos juntos
“Señor, enséñame a quedarme contigo y no a huir.
Enséñame a pegarme a Ti y no a otras certezas.
Gracias porque Tú eres la vida que fluye en mí
y también la fuerza que me sostiene
cuando todo se mueve.”
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