Fe sin trucos

“Solo en Dios halla descanso mi alma;
de él viene mi esperanza.”
Salmo 62:5–6
Reflexionemos juntos
El vacío no siempre es ausencia.
A veces es el lugar donde Dios
deja de competir con otras cosas,
con otras seguridades en donde nos escondemos.
A veces, muchas de nuestras falsas confianzas
deben caer
para que Dios vuelva a ser nuestro verdadero refugio.
La paz no llega cuando todo se llena,
sino cuando aprendes a quedarte,
quizás solo,
sin huir,
sin reemplazar,
sin anestesiar.
El vacío puede ser incómodo,
pero también puede ser santo.
Porque ahí, cuando no hay apoyos alternos,
Dios se revela como suficiente.
Preguntémonos juntos
¿Qué vacío estoy intentando llenar
antes de quedarme a escuchar la voz de Dios?
Oremos juntos
“Señor, en este espacio vacío que a menudo siento,
ayúdame a verte.
Que sea tu presencia saturando cada rincón.
Que no haya miedo ni duda que opaque tu mirada en la mía.
Que tu voz resuene en mí
y remueva todo lo que no viene de Ti.
No dejes de estar presente en mí.”
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