Dios también está en lo inacabado

“Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes
la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.”
Filipenses 1:6
Reflexionemos juntos
Dios no se impacienta con tus procesos.
La prisa casi nunca viene del Espíritu.
La Cuaresma no acelera; profundiza.
El camino de Jesús no fue improvisado ni inmediato.
Fue anunciado, preparado y esperado durante siglos
por profetas, promesas y voces diversas en el Antiguo Testamento,
hasta llegar a su vida, su muerte y su resurrección.
Eso nos recuerda algo esencial:
Dios es paciente porque Él gobierna el tiempo.
Nada en su plan es apresurado,
nada es desperdiciado.
Quiero recordar —una vez y hasta dos más—
que las cosas buenas toman tiempo.
Que no soy una comida de microondas.
Que los sueños y las metas no se alcanzan con impulsos momentáneos,
sino con perseverancia.
No siempre con consistencia perfecta,
pero sí con fidelidad sostenida.
Perseverar no es insistir con fuerza humana;
es invertirse completamente
confiando en que Dios sigue obrando
aun cuando yo no vea resultados inmediatos.
Preguntémonos juntos
¿Qué parte de mi proceso estoy juzgando
en lugar de confiar en la obra paciente de Dios?
Oremos juntos
“Señor, enséñame a seguir caminando
no con prisa,
sino con paz en tu compañía.
Que no me muevan la ansiedad ni la nostalgia,
sino tu llamado y el propósito de servirte
en cada etapa del camino.”
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