Encontrarnos sin maquillajes

“Tú amas la verdad en lo íntimo…
al corazón contrito y humillado no despreciarás.”
Salmo 51:6, 17
Reflexionemos juntos
La Cuaresma comienza recordándonos que somos polvo.
No como castigo,
no como desprecio,
sino como una verdad clave.
Somos criaturas.
Dependientes.
Limitadas.
Recordar que somos polvo no es para avergonzarnos,
sino para dejarnos de fingir autosuficiencia.
No venimos a este tiempo a demostrar madurez espiritual,
ni a probar que estamos bien.
Venimos a decir la verdad delante de Dios: esto soy hoy.
Polvo.
Frágil.
Necesitada.
Dios no ama versiones mejoradas de nosotros.
Ama la verdad en lo íntimo.
No la pretensión recta,
no la imagen ordenada,
no el lenguaje correcto,
sino el corazón que se presenta sin defensa.
Dios no trabaja con versiones editadas de ti.
No te pide que te arregles antes de venir.
Te pide que vengas.
Y aun si lo único que tienes para ofrecer hoy son cenizas,
Dios no las desprecia.
Porque Él no salva lo que aparenta estar vivo,
Él da vida a lo que se reconoce muerto.
La contrición no es autoacusación constante;
es rendición humilde.
Es aceptar que no eres tu propio salvador.
Es entender que necesitamos al Padre.
Es reconocernos como hijos.
Y eso, lejos de ser una derrota,
es el comienzo de la gracia.
Preguntémonos juntos
¿Dónde he estado buscando tranquilidad en lugar de la verdad?
¿Qué partes de mí estoy ocultando —no porque Dios no las vea,
sino porque temo presentarlas tal como son?
Oremos juntos
“Señor, no me arregles superficialmente.
No me maquilles.
No me apresures.
Encuéntrame tal como soy,
y haz en mí lo que solo Tú puedes hacer.
Trae vida, transfórmame”.
Deja un comentario